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lunes, 10 de marzo de 2014

El ahora

Escuchando en el auto una canción vieja de Miguel Bosé y luego de evidentes intentos fallidos de armarse de valor, finalmente alzó mi barbilla y besó mi sonrisa.

Dijo, "a pesar de nuestras diferencias... de todas las personas que he conocido acá, tú has sido...", mientras me miraba nervioso con sus oscuros ojos azules. Asentí, como si supiera lo que quería decir, para hacer el momento más sencillo, para él.

Han sido ya varios meses desde que las miradas descubiertas imprudentes pasaron a ser conversaciones largas con paseos felices y escasos besos inesperados.

Es la primera vez que no tengo que pensar en el futuro, porque tengo la certeza de que no existirá uno.
Los meses pasarán como días hasta que llegue la hora de partir y nos quedaremos con tanto, el uno del otro.

No existe ningún miedo, aún cuando caminamos abrazados por una senda que al final se bifurca.

Ahora, todo el tiempo de mi cabeza le pertenece.
Por un futuro corto lleno de momentos infinitos, apreto su mano hasta que sea la hora de irse.


martes, 5 de marzo de 2013

Espejismo

Corría con todas sus fuerzas, incansablemente, como si tuviese que alcanzar el último tren que partía a casa.

De un momento a otro se estrelló contra un vidrio transparente, irrompible.

Cayó fuertemente al piso, luego de unos segundos notó que tenía sangre en su frente.

No tenía idea de lo que había pasado, ¿De dónde salió este vidrio?, ¿Por qué no pude verlo?. Se preguntaba.

Todo daba vueltas. Alrededor había mucha gente mirando, gente que había visto antes, pero nadie la ayudaba.

Se dio cuenta que se habían caído todas las cosas de su bolso. Se sintió muy avergonzada.

Se levantó sola, casi sin fuerzas, adolorida.

Recogió del piso lo que se había caído:  la paciencia, la entrega, el perdón, el amor. Ya no servían para nada, todo estaba completamente destruido, los guardó de todas formas para tener recuerdos.

Dio la espalda a la pared de vidrio,detrás de la que no veía nada. Ella no podía recordar por qué corría, pero me dijeron que iba detrás de lo que prometía ser la felicidad. Y de ella, puedo creerlo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Anoche

Se levantó de su cama, desnudo, y encendió un cigarrillo, como ella odiaba que haga, pero ahora poco le importaba.
Era evidente, el desamor, el vacío en sus ojos, lo mataba.
Miraba desde la ventana la luz de la calle. Esta vez no tenía ganas de llorar, ni de gritar, pero tampoco de verla ir.
Ella había entregado lo poco que podía dar, poco que siempre fue nada.
Ni siquiera quería intentar.
Lo miraba de lejos, hermoso, desconcertado, perdido, nada de lo que ella quería.
No podía ni pensar en sus sentimientos, sólo le importaba el reloj.
Era hora de marcharse, con lo poco que quedaba.
Se llevó su ropa, sus discos, un par de libros. Se le quedaron los aretes y las ganas.
Se fue, como siempre.